Mucho se ha debatido en el país de la necesidad y la importancia de llevar a cabo diferentes debates entre los aspirantes a las campañas, en este caso, las presidenciales. Luego de las elecciones de la primera vuelta, se habló de reglas, se habló de tener dos o tres medios para que hicieran los debates, se hablaron de muchas cosas, pero al fin de cuentas, las dos campañas no lograron ponerse de acuerdo para llevarlos a cabo, tan necesarios para la democracia en nuestro país.
Pero, la realidad de esta campaña política, fue otra, para qué debates si existen las redes sociales, y por ahí se podían hacer el intercambio de opiniones, de conceptos, de la discusión, y del debate, pero además, fue el espacio para los agravios, los insultos, las mentiras y para otras cuantas bajas cosas más.
Y es que los seguidores convirtieron las redes sociales en nada más ni nada menos que en un carrusel de noticias, muchas de ellas falsas, sin fundamento, en fake news que unos y otros creyeron y las replicaron sin control, sin verificar y mirar su autenticidad. Pero peor aún, sabiendo que eran noticias falsas, las replicaron sin pudor alguno.
Y aunque no lo hablamos por las conocidas «bodegas de campañas», si lo decimos por os seguidores de calle, los cuales muchos toman la información, la distorsionan, la cambia, y la quieren presentar como si fuera real; circula mucha imagen sintética/IA para confundir, pretendiendo mostrar que uno u otro candidato es el malo, es el que más cosas malas va a ser, o el que menos conveniente va a ser para el manejo de la salud, o de la educación, de la economía o de las relaciones exteriores. También aprovechan datos como la procedencia de los candidatos, el origen, sus antecedentes, su familia, su fórmula vicepresidencial, sus amigos, fotos de hace tantos años o cuanto les pueda servir, para crear y promover sus fake news. Todo sirve como elementos válidos para crear una falsa noticia.
Las ideas, las propuestas programáticas, la trayectoria, o sus hojas de vida, pasaron a un segundo plano, todo lo compartido en redes se basó en el insulto, las calumnias, y el irrespeto. Y aun así se difundieron en redes, donde están los amigos, y aun así no importaba, no importaba pelear con un amigo, o perderlo, con tal de poder compartir todas esta información falsa y ofensiva.
Por eso, los debates hubieran sido tan importantes en nuestro país en estas 3 semanas de campaña, para que la ciudadanía tuviera una percepción clara de lo que están haciendo, de las propuestas programáticas y así se hubieran acercado con más conocimiento a sus intereses por el mejor candidato.
Un análisis digital del papel de las redes en la campaña presidencial
Las campañas invierten millonadas en pauta digital porque ahí está la gente. Según datos obtenidos a través de internet, Colombia es el 6to país del mundo en tiempo de uso: 3h 25min diarias. WhatsApp 91.9%, Facebook 89%, Instagram 86.3% y TikTok 67.8%.
Los candidatos ajustan mensajes en tiempo real según los likes y comentarios. Como dijo un asesor: «En Colombia se premia la capacidad de llegar primero y con impacto más amplio; hoy eso sucede en redes, no en la esquina de la ciudad».
Vemos finalmente que estas tres semanas de campaña, como nunca antes, ha estado polarizada, sólo señalamientos cruzados, los seguidores ven sucio y malo al otro, desacreditar a los candidatos es el propósito, más que mostrar los atributos o las cualidades del propio; no hay fallo que diga «esta campaña fue más sucia que la otra», pero los lectores y seguidores si podrán dar una opinión de su percepción de cómo sintieron esta campaña y de cómo fue su comportamiento en redes
Hoy en día, sin redes no hay campaña. Con redes hay más alcance, pero también más polarización, IA y fake news. La pelea Cepeda vs De la Espriella se está jugando más en las redes sociales que en las plazas públicas, lo que ha cambiado por completo el completo el norte de una campaña limpia y programática.
«Las redes sociales se volvieron tan pesadas en estas últimas semanas, que muchos decidieron dejar de ver comentarios de algunos «amigos» o incluso, por salud mental, dejaron de seguir a «amigos o conocidos», por que el fanatismo ha sido tal, que lo bonito del día a día que se acostumbra a publicar en las redes, se volvió en lecturas tediosas y aburrida».





















































