A 41 años del holocausto del Palacio de Justicia, la memoria de quienes perdieron la vida durante los hechos del 6 y 7 de noviembre de 1985 volvió a ocupar un lugar central en la conmemoración institucional. Esta vez, uno de los recuerdos más significativos fue el de Fanny González Franco, la primera mujer que integró la Corte Suprema de Justicia y quien murió durante la toma y retoma del edificio.
La historia de la magistrada fue evocada por la magistrada Paola Andrea Meneses Mosquera, presidenta de la Corte Constitucional, quien durante el homenaje destacó su trayectoria profesional, las barreras que enfrentó por ser mujer y el legado que dejó para las generaciones de juezas y magistradas del país.
González Franco llegó a la Corte Suprema de Justicia en 1984, en una época en la que su nombramiento encontró resistencias por el hecho de ser mujer. Sin embargo, logró abrirse camino gracias a sus capacidades como jurista y dignificó la presencia femenina en los más altos escenarios de la administración de justicia.
“Dignificó la presencia de las mujeres en la magistratura y abrió un camino por el que hoy transitamos muchas juezas y magistradas de este país. Y en este Palacio entregó su vida”, recordó Meneses Mosquera.
Uno de los episodios más conmovedores de su historia ocurrió durante la tarde del 6 de noviembre de 1985. Mientras permanecía encerrada en su despacho, en medio de los hechos violentos que sacudían el Palacio de Justicia, González Franco logró comunicarse telefónicamente con su familia.
En esa conversación expresó su decisión de mantenerse fiel a su dignidad como magistrada y a las instituciones jurídicas del país, incluso ante la posibilidad de morir. Sus palabras fueron recuperadas por la presidenta de la Corte Constitucional durante la ceremonia: “Dios está conmigo y me ayudará a conservar mi dignidad de magistrada. Si es designio de Dios que yo muera, para que se conserven inmaculadas las instituciones jurídicas y vuelva la paz a Colombia, (…) muero, pero no me doblego”.
Para Meneses Mosquera, este testimonio representa uno de los principios que deben orientar a quienes hoy ejercen la administración de justicia: la independencia, la rectitud y la fidelidad a la Constitución, aun en los momentos de mayor dificultad.
Durante su intervención, la magistrada también recordó a los demás integrantes de la Rama Judicial, servidores y ciudadanos que murieron en el Palacio de Justicia, así como a sus familias, que durante cuatro décadas han enfrentado el dolor de sus ausencias.
“Cada sentencia que se dicta con independencia, cada juez que decide sin temor, es una forma de honrar su legado”, señaló.
La presidenta de la Corte Constitucional insistió en que recordar a las víctimas no es solamente un acto protocolario, sino un deber con la historia y con la dignidad humana. Explicó que la memoria permite reconocer a quienes perdieron la vida más allá de sus cargos y funciones, al devolverles su identidad, sus historias familiares y los proyectos que quedaron truncados.
“Detrás de cada toga y de cada servidor judicial había una mesa servida que esa noche se quedó esperando, un abrazo que no pudo entregarse y un proyecto de vida truncado por la barbarie”, expresó.
Al cumplirse 41 años de la tragedia, Meneses Mosquera sostuvo que el legado de quienes murieron en el Palacio continúa presente en el trabajo de los jueces y magistrados que hoy tienen la responsabilidad de defender la independencia judicial y la dignidad de las instituciones.
Su mensaje concluyó con una reivindicación de la vocación de servicio de la justicia y del compromiso con la paz de Colombia. Una convicción que, en el caso de Fanny González Franco, quedó resumida en aquellas palabras pronunciadas desde su despacho: “muero, pero no me doblego”.


















































