Llevamos 11 domingos con los templos cerrados, sin poder asistir a las celebraciones litúrgicas, sin poder beber de la fuente sacramental de la Eucaristía, sin escuchar la proclamación de la Palabra en vivo, sin encontrarnos con nuestros familiares, amigos y vecinos en el atrio parroquial y unirnos en una misma oración en las celebraciones sacramentales. ¡Cómo hemos extrañado las aglomeraciones durante la Semana Santa, las solemnes celebraciones, las procesiones y demás ritos que hacen parte de los tiempos litúrgicos de la cuaresma y la Pascua que ha terminado!
Por: Uber Alejandro Arias Duque
Laico Parroquia San Vicente Ferrer
Sin duda que los sacerdotes también nos extrañan como fieles, muestra de ello es que se han hecho presentes a través de los medios de comunicación, llevándonos el mensaje de la Palabra, las homilías y catequesis que nos enseñan y exhortan a un mejor vivir y a experimentar la presencia de Dios cercano en estos tiempos de incertidumbre, en este momento de crisis sanitaria. Para nadie ha sido fácil adaptarse a este mundo de la virtualidad, porque si bien, es una herramienta para “conectarnos” y para hacer las cosas más rápido, como seres humanos necesitamos del contacto comunitario y más para favorecer la vida espiritual. En palabras del papa Francisco “No estamos llamados a vivir los unos sin los otros, por encima o contra los demás, sino los unos con los otros, por los otros y en los otros”.
La iglesia, a través de sus ministros, se ha manifestado por medio de distintas iniciativas pastorales y caritativas, a través de múltiples estrategias con las cuales han tendido la mano para ayudar, en comunión con otras instituciones, a los más necesitados y golpeados en estos tiempos de confinamiento. Nos han acompañado con su oración ferviente, humilde y confiada al Padre Misericordioso por todos, creyentes y no creyentes, cercanos e indiferentes. Hemos sentido una iglesia humana, preocupada por llegar a todos y continuar adelante dándonos esperanza y mostrándonos un camino para llegar a Cristo en el cumplimiento de su Palabra y la extensión de su Reino.
Los fieles, también estamos llamados a estar cercanos y solidarios con la iglesia, con nuestras parroquias. Se ha observado, por cerca de tres meses, los templos cerrados; domingos en los cuales hemos dejado de ofrendar y ayudar al sostenimiento del culto, de los espacios sagrados, de los ministros, de la acción pastoral y caritativa. Por tanto, se hace extensiva la invitación a los feligreses a brindar el soporte que requiere la iglesia para continuar con su ejercicio espiritual en nuestras comunidades.
Hemos celebrado Pentecostés, la Fiesta de la Iglesia, que ha recibido, por la fuerza del Espíritu Santo, el mandato de continuar en el mundo la obra de Jesús, quien ha venido a dar vida; conviene como comunidad creyente, ayudarnos mutuamente. “Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo”.(1 Corintios 12,12).
En la actualidad el gobierno nacional se ha ocupado de diversos sectores de la economía y de la sociedad, pero no del sector religioso, el cual es esencial en nuestro cultivo espiritual; no somos mera materialidad, no solo tenemos un cuerpo para alimentar y vestir, tenemos un espíritu para cuidar, nutrir y propender porque esté bien, es la iglesia la que nos ayuda a fortalecerlo.
Son más importantes las personas que la misma economía, pareciera que en un mundo de mercado como el nuestro, el interés de los gobiernos solo se ha focalizado en reactivar el comercio, olvidando reactivar también la vida espiritual, ignorando que esta hace parte de la esencia del ser humano, de su integralidad. No somos espirituales por tradición o costumbre, somos espirituales por naturaleza.
Ayudemos, pues, al sostenimiento de nuestras parroquias, hagámonos uno en la necesidad material de nuestra iglesia, hemos recibido mucho de ella, es hora de hacernos solidarios con ella; acompañemos a los ministros en su solicitud al gobierno para reabrir los templos, pues un pueblo con su templo abierto fortalece su fe y encuentra en Dios la fuerza y la capacidad para asumir las pruebas de la vida con esperanza.
*Las notas expresadas por el autor, no compromete la línea editorial del portal ORIENTESE.co


















































