El fútbol colombiano está de luto. Óscar Aristizábal, uno de los entrenadores y formadores más respetados del país, falleció en las últimas horas a causa de un infarto mientras realizaba un entrenamiento personalizado en una cancha del barrio Boston, en Medellín. La triste noticia fue confirmada por su colega y amigo Carlos Augusto Navarrete, generando una ola de consternación entre jugadores, clubes y aficionados que compartieron con él dentro y fuera de las canchas.
Con una trayectoria que abarcó más de cinco décadas, Aristizábal dedicó su vida a la formación de futbolistas y a la dirección técnica. Su legado comenzó a forjarse entre 1972 y 1987 en el tradicional Torneo del Pony Fútbol, semillero de grandes talentos. En 1988 dio el salto al profesionalismo al ser nombrado coordinador de las divisiones menores del Independiente Medellín, cargo que desempeñó durante cuatro temporadas.
Su primera experiencia como director técnico en el fútbol profesional llegó a finales de 1992 con el Deportivo Rionegro. Sin embargo, su pasión por las divisiones inferiores lo llevó de regreso a la formación, asumiendo entre 1993 y 1995 la coordinación de las categorías menores de Atlético Nacional, donde dejó una huella imborrable en la cantera verde.
El recorrido internacional de Aristizábal fue igualmente destacado. Integró el cuerpo técnico de la Selección de Panamá, primero como asistente de César Maturana y posteriormente como entrenador principal. Más adelante, dirigió al Independiente Medellín en la temporada 1998-99 y tuvo un breve regreso al combinado panameño. Entre 2000 y 2002, su carrera lo llevó a Bolivia, donde estuvo al frente de The Strongest y Jorge Wilstermann. También acumuló experiencia en el exterior con el Atlético Bucaramanga y el Emirates Club de los Emiratos Árabes Unidos.
De regreso a Colombia, continuó su labor como técnico en el Deportivo Rionegro (2006-2008), Envigado FC (2009) y Valledupar FC (2016). Hasta sus últimos días, Aristizábal se mantuvo activo y vinculado al fútbol como formador en la Escuela de Neider Morantes, donde compartía sus conocimientos y experiencia con las nuevas generaciones.
Con su partida, el fútbol colombiano despide a un hombre que dejó una marca imborrable por su vocación de enseñar, su compromiso con el desarrollo de jóvenes talentos y su invaluable aporte a clubes y selecciones. Su legado pervivirá en cada jugador que tuvo el privilegio de formarse bajo su guía y en cada institución que contó con su sabiduría.

















































