Transcribimos a continuación el comunicado:
«Para la solución a los problemas financieros de la Universidad, en nada son útiles los actos violentos; requerimos, eso sí, mantener el debate público y argumentado sobre las propuestas de financiación de la educación superior pública, incluido el análisis de los proyectos de reforma a Ley 30 de 1992, como alternativa prioritaria para superar una de las causas estructurales de esta coyuntura».
No puede ser banalizada como una anécdota más la infame y cobarde agresión que sufrieron la Universidad de Antioquia y parte de su comunidad el viernes 13 de septiembre del 2024, cuando un grupo de encapuchados, portando artefactos explosivos artesanales y armas de fuego, sitió durante varias horas el bloque administrativo del campus central en Medellín y mantuvo confinados, no solo a empleadas y empleados de la institución, sino a otras personas que circunstancialmente se encontraban en este espacio, aterrorizándolos con explosiones continuas e intimidaciones a directivos.
Tan difusa es la identidad sobre los autores de estos hechos, como su justificación y propósitos, los cuales quedan totalmente deslegitimados por sus métodos violentos. ¿Contribuyen a mejorar la salud financiera de las universidades públicas? ¿Contribuyen a aliviar, aunque sea un poco, el ambiente de incertidumbre que la situación de desfinanciamiento produce en la comunidad universitaria y en todos aquellos que quieren y valoran a la Universidad? No. Agravan la situación, porque instalan el miedo y la zozobra, restándole espacio a las capacidades reflexivas, críticas y argumentadas propias de la comunidad universitaria ¿O justo eso es lo que quieren? ¿Propiciar un vacío de poder haciendo señalamientos irresponsables a quienes justamente buscan resolver una coyuntura con causas históricas, múltiples y estructurales?
Para la solución a los problemas financieros de la Universidad, en nada son útiles los actos violentos; requerimos, eso sí, mantener el debate público y argumentado sobre las propuestas de financiación de la educación superior pública, incluido el análisis de los proyectos de reforma a Ley 30 de 1992, como alternativa prioritaria para superar una de las causas estructurales de esta coyuntura.
Es paradójico que, justo cuando algunas personas ejercían violencia al interior del campus, en el Teatro Universitario se graduaban cientos de ingenieros que, junto con sus familias, cumplían sus sueños personales y profesionales. Acrecentar la igualdad social formando para el progreso personal, familiar y social en condiciones que no podrían tenerse en ninguna otra parte, es la esencia misma de la Universidad. No existe razón alguna que justifique la violencia e insistimos en que la Universidad es un espacio de deliberación permanente, pero jamás un campo de batalla.
Nuevamente es el momento de estar unidos y abrazar la Universidad en momentos como este. Las universitarias y universitarios, incluidos los que fueron atropellados el pasado viernes, solo tenemos como medio la palabra. Esta es una exhortación del Consejo Académico, que esperamos acompañen gremios y ciudadanos, para crear un muro ético contra quienes atentan contra nuestra Universidad. No podemos estar impávidos frente al triste espectáculo en el que la gente se ve huir de sus espacios y de sus haberes y de sus saberes para que otros los copen. Nada, pero nada de violencia como respuesta; pero si firmeza, carácter, criterio, autonomía, dignidad y orgullo.
Consejo Académico
Universidad de Antioquia

























































