Ante el debate público generado en la última semana por la realización de eventos masivos, populares, deportivos, académicos y estudiantiles, tras el terremoto del pasado lunes 10 de agosto, se han escuchado diferentes posiciones y se proponen alternativas y salida que reconcilie el duelo nacional con la supervivencia económica.
El dilema: sensibilidad vs. sostenibilidad
Reconocemos y compartimos el profundo dolor que embarga a nuestra nación y para nadie es indiferente la calamidad que atraviesan las zonas afectadas. Sin embargo, calificar de «insensible» a quien asiste o trabaja en estos eventos desconoce que, para miles de familias, estas fiestas representan su único ingreso del mes. Comerciantes, vendedores informales, personal de logística, transporte, hotelería y gastronomía han invertido ahorros y han adquirido mercancía con la expectativa puesta en estas fechas.
Uno de los puntos más debatidos, fueron las fiestas populares que se realizaron este fin de semana en La Ceja, Sonsón y San Carlos, donde algunos solicitaron de diferentes maneras, que se aplazaran o en últimas, se cancelaran.
Pero además de la situación de los comerciantes hay una realidad: Los contratos con agrupaciones artísticas, suministro de carpas, sonido, barreras y otros aspectos logísticos se firman con 7 u 8 meses de antelación. Cancelarlas no solo implicaría perder los abonos ya realizados, sino enfrentar cláusulas sancionatorias con multas millonarias que hundirían financieramente a los municipios y a los pequeños empresarios.
Reprogramar es poco viable, pues los artistas y equipos técnicos manejan agendas cerradas con proyección de hasta un año.
Se lamenta que algunos sectores, hayan aprovechado esta situación para atacar a los mandatarios locales. Politizar el dolor desvía la atención de lo esencial: la ayuda efectiva a los damnificados. Detener el país, congelar la economía, no es una solución solidaria, es una sentencia de pobreza para el comercio formal e informal que contó este fin de semana con ocupación hotelera al máximo, servicio de transporte constante y una gastronomía para todos los gustos.
En este puente festivo, se tomaron decisiones difíciles, pero acertadas, especialmente en los tres municipios donde se tenían fiestas populares. En lugar de cancelar las actividades, se tuvieron medidas como los homenajes institucionales, de solemnidad y de respeto; se tuvieron centros de acopio móviles, donde se recogieron alimentos no perecederos y agua potable, y además se hicieron recolectas para los fondos de ayuda para las víctimas.
«No se trata de elegir entre el dolor y el pan. Se trata de entender que el país no puede paralizarse sin condenar al hambre a quienes menos tienen. La verdadera humanidad está en seguir adelante, pero tendiendo la mano a quien lo necesita. Que se haga de cada escenario un espacio de solidaridad», afirmó un habitante de La Ceja, donde se llevaron a cabo las fiestas estos días.
En este artículo todo se relacionó con las fiestas populares, pero la agenda de eventos no se ha detenido, los congresos, los actos académicos, empresariales y algunos deportivos entre otros han seguido sin afectar su programación, y así con su dinámica diaria debe continuar el país, pues no se puede detener.
La idea de seguir adelante con las festividades, fue una oportunidad para transformar la fiesta en una plataforma de ayuda, y de solidaridad, donde el respeto por las víctimas y los damnificados por el terremoto primó, y donde el comercio se vio fortalecido.
La polémica y el debate seguirá, la opinión pública seguirá con el debate entre si es acertado celebrar estas fiestas populares en tiempo de duelo nacional o si constituye un despropósito. Luego de lo expuesto, usted que piensa?




















































