Durante años, fue un lugar del que muchos preferían no hablar. En San Carlos, una casa de tres pisos quedó marcada por el horror del conflicto armado: allí, víctimas fueron torturadas y enterradas en silencio. Hoy, ese mismo espacio comienza a contar una historia distinta.
Tras una gestión prolongada, la Alcaldía logró que la Sociedad de Activos Especiales entregara oficialmente el inmueble al municipio, cerrando así un capítulo de incertidumbre jurídica que impedía consolidar su uso como espacio de memoria.
Desde 2008, el lugar ha sido resignificado como el Centro de Acercamiento para la Reconciliación y la Reparación (CARE), un escenario donde las víctimas y sus familias han encontrado un espacio para sanar, recordar y reconstruir tejido social. Ahora, con su entrega formal, este proceso toma un nuevo impulso.
“Este lugar debe seguir siendo un espacio para la memoria y la reconciliación”, expresó el alcalde Santiago Daza, quien anunció que el inmueble será cedido a organizaciones sociales para fortalecer su labor.
Para Pastora Mira, quien ha acompañado durante más de 20 años este proceso, el momento es profundamente simbólico: “Aquí hubo un cementerio clandestino. Hoy seguimos buscando dignificar a quienes fueron víctimas de un conflicto que nunca debió ocurrir”.
La directora de la SAE, Amelia Pérez, lo resumió con una frase que refleja el espíritu de la transformación: un lugar que fue símbolo de terror debe convertirse en un espacio de paz, memoria y reconciliación.
Así, entre recuerdos dolorosos y actos de resistencia, San Carlos sigue demostrando que la memoria también es una forma de reconstruir el futuro.






















































