El Oriente Antioqueño quiere prepararse para una nueva etapa de crecimiento, pero sus gremios, instituciones y organizaciones advierten que el desarrollo no puede depender únicamente de las oportunidades que trae la expansión económica. La región necesita infraestructura, seguridad, sostenibilidad, innovación y una estrategia común que permita que sus 23 municipios participen de los beneficios de la inversión.
El planteamiento fue presentado en Rionegro por diferentes gremios, en un momento en el que el Oriente se consolida como uno de los principales polos de desarrollo de Antioquia por su ubicación estratégica, conectividad aérea, crecimiento empresarial, vocación turística, riqueza ambiental y capacidades productivas.
La propuesta busca que esas ventajas se conviertan en bienestar para la población. Para ello, los actores regionales consideran necesario fortalecer una visión compartida que reconozca las diferencias entre las cuatro zonas que conforman el territorio: Altiplano, Embalses, Bosques y Páramo.
Ese trabajo ya tiene un escenario de articulación en la estrategia de Ecodesarrollo, concebida como un espacio de conversación y construcción territorial en el que confluyen diferentes capacidades, vocaciones y necesidades del Oriente Antioqueño.
Dentro de esta visión, la Región Aeroportuaria aparece como una de las principales oportunidades. Sin embargo, los actores regionales advierten que no debe entenderse como un proyecto limitado al Aeropuerto Internacional José María Córdova. El aeropuerto, plantean, debe ser una infraestructura habilitante para conectar y potenciar actividades como el turismo, el agro y la bioeconomía, la industria y el comercio.
La construcción de esta Región Aeroportuaria debería incorporar, por tanto, las voces del empresariado, las instituciones, las comunidades y los actores ambientales. Para los promotores de la propuesta, las decisiones sobre infraestructura, ordenamiento territorial y desarrollo no pueden tomarse de manera aislada de las dinámicas de los 23 municipios.
La conectividad terrestre constituye otro de los puntos críticos. El crecimiento económico y poblacional del Oriente exige vías capaces de responder al aumento de los desplazamientos y al movimiento de mercancías y visitantes. Por eso, el llamado al Gobierno Nacional es a garantizar la sostenibilidad, conservación y mejoramiento de los corredores que comunican internamente a la región y que la conectan con el Valle de Aburrá y el resto del país.
Los gremios también consideran fundamental preservar modelos de participación privada como las concesiones viales, bajo el argumento de que han permitido movilizar recursos para mantener y mejorar corredores estratégicos.
A la infraestructura se suma un factor que puede determinar la llegada o salida de inversiones: la seguridad. Los actores empresariales consideran que la confianza es indispensable para hacer empresa y generar empleo y llaman a fortalecer la protección de empresarios, comerciantes, trabajadores, visitantes y comunidades.
La extorsión aparece entre los fenómenos que requieren una respuesta coordinada de las instituciones. La seguridad empresarial y territorial es planteada como una condición para que los proyectos productivos puedan desarrollarse y para que las comunidades puedan beneficiarse del crecimiento económico.
El turismo constituye otro de los grandes activos de la región. El Oriente cuenta con una oferta que combina naturaleza, patrimonio, gastronomía y cultura y que podría fortalecerse mediante una estrategia regional. Una de las apuestas consiste en impulsar también el turismo comunitario para que los beneficios de esta actividad se distribuyan entre las diferentes zonas y municipios.
En paralelo, la agenda propone fortalecer sectores como el agro, la bioeconomía, la industria y el comercio, procurando que las inversiones se conecten con empresas locales y generen encadenamientos productivos.
La intención es avanzar de una economía basada únicamente en el crecimiento de las actividades existentes hacia otra con mayor capacidad de generar valor agregado. Para lograrlo, se plantea impulsar la innovación, la tecnología, la transferencia de conocimiento y la articulación entre empresas, academia e instituciones.
Pero el crecimiento económico enfrenta una condición ineludible: la protección ambiental. El Oriente Antioqueño concentra ecosistemas y recursos naturales estratégicos, por lo que los actores regionales consideran necesario que cualquier expansión urbana, empresarial o de infraestructura dialogue con las organizaciones sociales y ambientales y responda a criterios de sostenibilidad.
La agenda propuesta se estructura alrededor de siete grandes prioridades: desarrollar una Región Aeroportuaria con visión integral del territorio; garantizar infraestructura vial y movilidad regional; fortalecer las vocaciones productivas; mejorar las condiciones de seguridad; establecer una estrategia coordinada de atracción de inversión; proteger la riqueza ambiental; y avanzar hacia una economía de mayor valor agregado.
El objetivo final es que la llegada de nuevas inversiones no se traduzca únicamente en indicadores económicos, sino en oportunidades concretas para los habitantes. Eso implica empleo, fortalecimiento empresarial, encadenamientos productivos y mayores posibilidades para las comunidades de las cuatro zonas del Oriente.
Los gremios, instituciones y organizaciones que impulsan esta agenda manifestaron su disposición a trabajar con los gobiernos municipales, la Gobernación de Antioquia, el Gobierno Nacional, la academia y los sectores privado y social.
El reto será pasar de la identificación de oportunidades a la ejecución de una hoja de ruta compartida. El Oriente Antioqueño considera que tiene las condiciones para competir a escala nacional e internacional, pero plantea que esa competitividad solo tendrá sentido si se convierte en inversión, empleo y bienestar distribuido en todo el territorio.
La apuesta regional, en últimas, busca cambiar la manera de entender el crecimiento: no se trata únicamente de tener un aeropuerto, mejores vías o nuevos proyectos empresariales, sino de articular esas capacidades alrededor de una visión que permita que el desarrollo económico avance de la mano con la sostenibilidad y con las necesidades de las comunidades.





















































