Dos pacientes con cáncer de pulmón pueden recibir hoy tratamientos completamente distintos. La diferencia ya no está únicamente en el órgano donde se originó el tumor, sino también en sus características moleculares. Una alteración genética específica puede indicar una terapia dirigida, mientras que su ausencia puede orientar al equipo médico hacia alternativas como la inmunoterapia o la quimioterapia.
Este cambio en la manera de entender y tratar el cáncer fue uno de los ejes del Congreso Internacional de Oncología Auna 2026, que se realizó este 2 y 3 de octubre en el Hotel Intercontinental de Medellín y reunió unos 300 especialistas de Colombia, Perú, México y otros países.
“Hoy conocemos mucho mejor cada tumor y podemos usar esa información para elegir el tratamiento. Pero tener acceso a una prueba genómica o a un medicamento nuevo resuelve solo una parte del problema. El reto es saber en qué paciente usarlo, en qué momento y qué evidencia lo respalda”, explica el Dr. Diego Mauricio González, oncólogo clínico de Auna e integrante del comité organizador del Congreso.
La agenda académica abordó avances como la inmunoterapia, las terapias dirigidas, la genómica y los biomarcadores predictivos, pero también dos áreas que han cobrado especial relevancia en la oncología: la biopsia líquida y los anticuerpos conjugados.
La biopsia líquida permite buscar material genético asociado al tumor a partir de una muestra de sangre, mientras que los anticuerpos conjugados son medicamentos diseñados para llevar un fármaco hasta células tumorales que expresan una proteína específica. Estas herramientas amplían las posibilidades para caracterizar los tumores y orientar las decisiones terapéuticas, aunque su utilización requiere interpretar los resultados dentro del contexto particular de cada paciente.
Precisamente, la mayor disponibilidad de opciones terapéuticas también implica decisiones más complejas. Un estudio genómico puede identificar diferentes alteraciones y no todas cuentan necesariamente con un tratamiento cuyo beneficio esté demostrado. Por ello, la interpretación de estos resultados exige actualización permanente y trabajo conjunto entre oncólogos, patólogos, cirujanos y especialistas en radioterapia.
La discusión llega además en un momento de creciente presión sobre la atención del cáncer. Según GLOBOCAN 2024, la plataforma de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), en Colombia se estimaron 123.053 nuevos casos de cáncer durante 2024. La misma fuente señala que las estimaciones nacionales se construyen a partir de las mejores fuentes disponibles de incidencia y mortalidad y deben interpretarse como estimaciones poblacionales, no como sustituto de los registros continuos de cáncer.
Para las próximas décadas, el envejecimiento y el crecimiento de la población son factores determinantes en el aumento proyectado de la carga mundial de cáncer. Las proyecciones de GLOBOCAN parten del supuesto de que las tasas de cáncer se mantienen constantes y muestran un incremento sustancial del número de casos hacia 2050. A escala mundial, las estimaciones publicadas por IARC proyectan más de 35 millones de nuevos casos anuales para ese año, frente a cerca de 20 millones en 2022.
En este escenario, el acceso a tecnologías avanzadas no puede desligarse de las etapas previas de la atención. Un paciente necesita llegar oportunamente al diagnóstico, contar con una biopsia adecuada y tener acceso a laboratorios capaces de analizar las muestras antes de que una terapia de precisión pueda ser considerada.
“Una terapia dirigida puede cambiar la evolución de un paciente, pero antes ese paciente necesita un diagnóstico oportuno, una biopsia bien tomada y un laboratorio capaz de analizarla. Si falla uno de esos pasos, el mejor tratamiento llega tarde o no llega”, señala González.
El Congreso también abordó las dimensiones que acompañan el tratamiento médico. Además de las nuevas tecnologías y terapias, la agenda contempló asuntos como la psicooncología, el manejo del dolor y los cuidados paliativos, áreas que hacen parte de la atención integral de las personas con cáncer.
En el encuentro participaron especialistas de Auna vinculados a centros de Medellín, Barranquilla y Montería, además de colegas de Perú y México y referentes internacionales.
La organización planteó el espacio como una oportunidad para discutir cómo la evidencia científica internacional puede trasladarse a contextos latinoamericanos con diferentes sistemas de salud, tiempos de diagnóstico y barreras de acceso.
“Buena parte de la evidencia llega de estudios internacionales, pero nosotros la aplicamos en pacientes con otros tiempos de diagnóstico, otras barreras de acceso y otros sistemas de salud. Por eso queremos sentar en la misma mesa a quienes enfrentan esos retos todos los días en nuestros países. La conversación es académica, pero parte de problemas clínicos reales”, afirmó el especialista.
La investigación clínica fue otro de los ejes del encuentro. Según la información suministrada por Auna, la organización contó con nueve centros de investigación clínica en Colombia, Perú y México y durante 2025 registró 107 publicaciones científicas y más de 130 ensayos clínicos en curso, buena parte de ellos relacionados con oncología.
El Congreso estuvo dirigido a oncólogos clínicos, cirujanos oncológicos y radioterapeutas, con participación de residentes, fellows e investigadores.
Auna es una organización latinoamericana de salud con presencia en Perú, Colombia y México, enfocada en la atención médica, la excelencia clínica, la innovación y la investigación. En Colombia opera la Clínica Las Américas, con sus sedes Carrera 80 y Sur; la Clínica Portoazul Auna y el Instituto de Cancerología IMAT Oncomédica Auna, además de centros médicos y una red de laboratorios. La organización señala que su modelo integra atención especializada, investigación clínica y programas orientados a ampliar el acceso a servicios de alta complejidad.
Durante dos jornadas, Medellín fue entonces punto de encuentro para especialistas que discutieron no solo qué nuevas herramientas están transformando la oncología, sino también cómo lograr que ese conocimiento se traduzca en decisiones clínicas oportunas y adaptadas a las necesidades de los pacientes de la región.














































