Desde hace algunos meses, inició la construcción de la Casa Museo AURUM, un lugar de encuentro en el municipio de El Santuario. En latín, AURUM significa oro y para la familia Zuluaga Gómez, promotores de este espacio, AURUM tiene que ver con el brillo del amanecer.
Vía: El Santuariano
Video y fotos: Fundación AURUM.
Textos: Alejandra Duque Giraldo y Víctor León Zuluaga.
Sus valores se centran en la comunidad, el aprendizaje, la tradición, la alegría y la transformación y su propósito está enfocado en propiciar espacios para compartir, aprender y crecer, generando un conocimiento transformador a nivel personal, social y empresarial.
“Queremos que sea un lugar de encuentro donde vamos a recordar el antepasado, como vivíamos, como eran los tiempos de atrás, en que trabajaba la gente, cómo era la convivencia, la comida, entre otros”. comenta don Jaime Zuluaga, uno de los líderes de esta iniciativa.
Es así como nació AURUM, inspirado en un lugar tranquilo, rodeado de naturaleza e historia, pues está ubicado en una casa antigua construida aproximadamente hace 200 años en inmediaciones con la autopista Medellín-Bogotá y remodelada actualmente por el arquitecto santuariano Cesar Ceballos.
Su objetivo se centra en la cultura, la educación y la recreación. Además, será un lugar para el aprendizaje de todos, incluidos jóvenes y niños. “Queremos que sea una puerta de mirada al futuro, con énfasis en educación no tradicional y constructiva. Con cursos de desarrollo humano, talleres de arte, historia, entre otros”, dice don Jaime.
Y agrega: “En las experiencias pequeñas que hemos visto la gente se entretiene, ve las fotos viejas, recorre la casa y encuentra historia en los objetos”. Es así, como la familia Zuluaga Gómez hace una invitación para quienes quieran donar o entregar en comodato alguna pieza especial, pueda remitirse hasta la Casa Museo y participar de esta experiencia.
AURUM estará abierto al público en próximos días, gracias al trabajo colaborativo entre la familia Zuluaga Gómez y diferentes personas que se han sumado al proyecto como: Luz Helena Arango, psicóloga Organizacional; Omar Botero, historiador; Valentina Zuluaga diseñadora gráfica; Ignacio Zuluaga, Carlos Agudelo, Diana Gutiérrez y César Ceballos.
Desde el trabajo colectivo, AURUM pretende perdurar en el tiempo donde no solo se hace un homenaje a El Santuario, sino también a su gente, su tradición, sus costumbres y su particular forma de brillar a lo largo de su historia.
Esta Casa Museo de la Fundación AURUM guarda la memoria de El Santuario y de los santuarianos. El arquitecto César Ceballos y el historiador Omar Botero diseñaron espacios y ambientes para los asuntos más destacados de nuestra identidad local.
La casa misma es la memoria nuestra: su construcción se acerca a los dos siglos. En ella vivió don Manuel Tiberio Salazar y su familia, la conservaron la familia del doctor Gilberto Salazar Ramírez y luego la Fundación Manuel Tiberio Salazar hasta que fue adquirida, hace unos meses, por la familia de don Jaime Zuluaga Ramírez para ser destinada como casa museo de más de 400 metros cuadrados.
El proyecto arquitectónico fue liderado por César Ceballos, un profesional santuariano, egresado de la Universidad Nacional de Colombia, que tuvo que aprender lo que no le enseñaron los profesores: “asistí a dos cursos sobre construcción en tapia en Villa de Leyva y Barichara, antes de tocar una pared o mover una ventana”. Cada espacio está concebido como un módulo temático que recuerda y guarda nuestro pasado, según el historiador Omar Botero.
Este es el lugar por excelencia de esta casa museo. Aquí revive nuestra historia. Un lugar donde tienen espacio propio los santuarianos sobresalientes a través de los últimos 250 años: desde la fundación de la población hasta hoy.
La pared recoge el ramillete de personajes ilustres en óleos históricos, algunos restaurados. Y en el ambiente sobresale la máquina de escribir que uso toda la vida don Alberto Pineda, escritor, periodista y líder cívico y medioambiental que se anticipó por décadas o mejor que visionó los desastres que dejaría el cambio climático en el planeta, en El Santuario. Defensor del árbol, lloró por cada tala y sonrió por todas las siembras.
Este lugar guardará documentos históricos y reliquias, vestigios de la memoria y el patrimonio de los santuarianos.
Los artistas de las bellas artes y también los artesanos nos contarán desde las concepciones estéticas y plásticas la historia de El Santuario.
La familia santuariana
El salón de la familia santuariana seguramente será una de las áreas más visitadas. En las paredes colgarán fotografías de grupos familiares que posaron en sus reuniones sociales para don Antonio Botero y también para otros fotógrafos.
Las familias de los Gómez, los Giraldo, los Ramírez, los Pinedas, los Zuluaga y otras decenas de apellidos tradicionales y nuevos rodearán una cama matrimonial del siglo pasado como centro de una alcoba principal en la que hay otros elementos infaltables como una máquina de coser y un mueble a manera de bufete con varios cajones.
Se cambiaron los morteros y reutilizaron las baldosas originales. El techo es muy alto y debieron usarse andamios de doble cuerpo para efectos de la impermeabilización, revoque, pintura y reparación del techo. Estas habitaciones mantenían un equilibrio, el calor en la noche y la frescura en el día, por eso la altura, manifiesta el arquitecto César Ceballos.
La capilla de San José
Según la tradición, los primeros pobladores de El Santuario eran devotos de San José y por esta razón hay un recinto sagrado para venerarlo, justo en el año dedicado al padre putativo de Jesús por el Papa Francisco.
Esta devoción es anterior a la de Nuestra Señora de Chiquinquirá, cuya primera capilla fue construida en 1765 cuando el capitán Antonio Gómez de Castro fundó el poblado.
De la Cerámica de El Salto proviene la imagen del santo que ahora velará en el restaurado lugar. El pedestal fue delicadamente instalado en una columna vaciada en concreto y lijada, creando un conjunto armónico y un aspecto de la época, es decir acorde con el paso del tiempo.
También luce en el centro de la capilla un vitral instalado en el rosetón debidamente mejorado, calado y pintado con lirios y detalles alusivos al santo patrón. Proviene de la capilla de la virgen María.
Los barandales y las balustres de madera separan el altar del área en donde se sentarán los feligreses que honrarán a San José, el primer patrono de El Santuario que también le dio nombre al Valle de San José de La Marinilla, en donde se asienta las dos poblaciones: Marinilla y El Santuario.
Contiguo a la capilla se guardarán documentos religiosos, imágenes antiguas e históricas y el recuerdo de los sacerdotes y religiosos del municipio levítico como lo es El Santuario.
Las fotografías de los obispos santuarianos Óscar Aníbal Salazar Gómez y Omar de Jesús Mejía Giraldo y de párrocos históricos como el presbítero Isaías Aristizábal, monseñor Ignacio Botero Aristizábal, el beato Jesús Antonio Gómez, monseñor Francisco Luis Gómez y monseñor Camilo Gómez, entre otras, están colgadas al igual que la composición fotográfica de los Hijos de la Promesa, encabezada por el presbítero Nicolás Giraldo, primer párroco de la población.
El Baratón
“El Baratón es el símbolo más genuino del empresarismo y el comercio de los santuarianos construido en estos 90 años por don Delio Zuluaga Duque y su hijo don Jaime Zuluaga Ramírez”, dice la revista El Santuariano en un reportaje con ocasión del nonagésimo aniversario.
Este icono tendrá un espacio, no para vender sus productos, para mantenerlo vivo entre quienes visiten la Casa Museo El Santuario.
Don Delio le sumó a la arriería el comercio de hilaza y la confección de capelladas para elaborar alpargatas. Y luego, llegaron los retazos y las piezas de telas que exhibía en plazas hasta que arrendó un local en la parte baja de la casa cural: ahí nació El Baratón que fortalecieron don Jaime y su familia.
Además de recordar la historia de 90 años, en este lugar los visitantes encontrarán una réplica, un producto, un souvenir de recuerdo para llevar de vuelta…
La cocina, la cafetería, la escuela, el cementerio y un espacio múltiple complementan esta gran obra que pronto abrirá sus puertas al público.
Lea el reportaje completo en la próxima edición de El Santuariano.
Video y fotos: Fundación AURUM.
Textos: Alejandra Duque Giraldo y Víctor León Zuluaga.






















































