En el Oriente Antioqueño, hablar del conflicto armado no es hablar de algo lejano. Es recordar vecinos que se fueron, casas vacías, caminos en silencio y familias que tuvieron que empezar de nuevo lejos de su tierra.
El 9 de abril, se conmemoró el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas, esas historias vuelven a tomar fuerza. No para revivir el dolor, sino para reconocerlo y transformarlo.
Colombia registra oficialmente más de 9 millones de víctimas del conflicto armado, y Antioquia es el departamento más impactado, con más de 1,6 millones de personas afectadas. En el Oriente el conflicto dejó huellas profundas: se calcula que cientos de miles de personas fueron desplazadas, especialmente en municipios como San Carlos, Granada, San Luis, nariño, Argelia y Cocorná entre otros.
Durante los años más intensos de la violencia, muchas familias tuvieron que abandonar sus hogares en cuestión de horas. Otras vivieron el miedo constante, las pérdidas y la incertidumbre.
Pero también hay otra historia que hoy merece ser contada: la de quienes regresaron, reconstruyeron y decidieron no rendirse. Comunidades enteras han apostado por la memoria como una forma de sanar y por la organización social como camino para salir adelante.
Este 9 de abril, en plazas, instituciones y espacios comunitarios, se realizaron actos simbólicos, encuentros y jornadas de reflexión que buscaban mantener viva la memoria de las víctimas.
Porque detrás de cada número hay una vida, una historia y una voz que merece ser escuchada: recordar es, también, una forma de cuidar el presente y construir un futuro distinto.





















































