El despliegue mediático que hemos presenciado recientemente con el fallecimiento de la reina Isabel II de Inglaterra, podrá percibirse por algunos como desmedido, pero tiene su razón de ser por lo que representó la monarca, no solo para la Corona británica, sino como líder y figura protagónica del mundo entero.
Por: Luisa Fernanda Pulgarín Restrepo
Comunicadora Social
Decana Sala de Ceremonial y Protocolo de Medellín
Especial para ORIENTESE.co
Y podrán preguntarse los lectores ¿a qué se debe este nivel de protagonismo? Más allá de que los medios señalen que logró el reinado más largo de la historia, y que durante sus setenta años en el trono logró presenciar diecisiete juegos olímpicos, ver pasar siete pontífices, relacionarse con quince primeros ministros de Inglaterra y vivir no solo la Segunda Guerra Mundial, sino la llegada del hombre a la Luna, su legado notablemente perdurará en el tiempo y nos lo confirma el efecto noticioso que suscitó su partida.
Analizando su estilo y forma de interacción en varios contextos, creo que Isabel Alejandra María (Elizabeth Alexandra Mary) supo asimilar con acierto, cuál sería su éxito presente y futuro: entender el rol que juega un monarca en el devenir de una nación, actuando con sobriedad, gentileza, tacto, diplomacia y firmeza por un lado, pero también respetando las tradiciones y formalidades que la realeza británica ha proyectado históricamente.
Estoy convencida que la reina Isabel supo integrar de forma natural y rigurosa el protocolo en su vida porque, logrando conservar su propio estilo, fue capaz de asumir la investidura que el destino le deparó con tal nivel de responsabilidad, entrega y aplomo, que hasta dos días antes de su muerte, estuvo en pie con la suficiente entereza como para recibir en audiencia, a la designada Primera Ministra del Reino Unido, Elizabeth Truss.
Después de haber aludido a la trascendencia política que tuvo la reina Isabel, muchas personas todavía se deben estar preguntando porqué generó tanto impacto la noticia de su muerte. A mi modo de ver, sus exequias y todo el Operativo Puente de Londres -que se activó después de su deceso y que alude con nivel de detalle a los pasos a seguir, contando diez días entre la proclamación del nuevo monarca, hasta las exequias de la reina Isabel-, representa un escenario por excelencia para poner en juego cuatro clases de protocolo: oficial, real, diplomático y religioso.
Además, conociendo el estilo monárquico inglés, no dudo que será un evento cargado de rigurosidad, simbología, ritualismo y ceremonial, el cual está revestido de importancia, por el hecho de ser el primer funeral de Estado en el Reino Unido, desde el ofrecido a Winston Churchill.
Me impacta saber que en pleno siglo XXI, aún existen 42 monarquías en el globo terráqueo, pero indiscutiblemente, la Inglaterra, ha sido sobresaliente y en gran medida Su Majestad Elizabeth II, consiguió este nivel de atención para la Corona británica, avalada incluso con series como The Crown en Netflix, que en parte hace una semblanza como documento histórico, de lo que fue la vida de esta destacada mujer y su Familia Real.
Para los amantes del protocolo entre los que me encuentro, estoy segura con el debido respeto, que este funeral de Estado para despedir a Isabel II, será para “alquilar balcón”, porque el lunes 19 de septiembre el mundo entero podrá conocer cómo planificó sus propias exequias. Si con la muerte del duque Felipe de Edimburgo (esposo de la reina), pudimos apreciar simbolismo, jerarquías, precedencias, emblemas, condecoraciones, investidura, formaciones, trajes de etiqueta, y todo el rigor que encierra este protocolo real, no me quiero imaginar cómo será para el caso de la soberana.
De todas formas, ella deja un legado invaluable que perdurará en el tiempo, y entre tanto, los ojos del mundo están puestos en el heredero a la corona, el Rey Carlos III, que más allá de la expectativa que genera sobre cómo será su reinado, comienza a despertar críticas por gestos como los que tuvo el día de su proclamación como nuevo monarca.
Cada persona y más si tiene alguna investidura, decide cómo comportarse y qué quieren proyectar, pero sé que el protocolo más allá de ser una “camisa de fuerza”, es una valiosa herramienta de comunicación porque nos muestra la carta de navegación en las aguas turbulentas de la vida pública, donde la reputación deja de ser personal, para proyectar una imagen que se nutre de “mitos, ritos, símbolos, normas y costumbres”, como diría mi querido maestro y amigo Javier Álvarez Lozano (Q.E.P.D.)
La reina Isabel sí que lo supo hacer y lo confirmó cuando dijo a su nación: “a lo largo de mi vida y con todo mi corazón me esforzaré por ser digna de su confianza”. Ella aceptó vivir una existencia llena de formalismos, pero su gran enseñanza es que se puede recurrir al protocolo como el mejor aliado, porque lo que representa es el respeto y la cortesía hacia los demás.













































